Mayo 2014

http://www.iach.cl/2014/04/24/como-puede-la-iglesia-ayudar-erradicar-la-pobreza/
pobreza
 

¿CÓMO PUEDE LA IGLESIA AYUDAR A ERRADICAR LA POBREZA?

1. ENTENDIENDO NUESTRO ADN

No fue sólo en el primer siglo en que el cristianismo vivió un amor radical en el cual “compartían todas las cosas”, e incluso “vendían sus propiedades…  y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno”[1]. En el siglo II también encontramos referencias a este tipo de vida en comunidad en las palabras de Tertuliano:

“… no dudamos compartir nuestros bienes terrenales con los más necesitados. Tenemos todo en común, excepto nuestras esposas”.[2]

Otro padre del cristianismo, Ireneo, en el mismo siglo, dice:

“En vez de dar nuestros diezmos como lo ordena la Ley, el Señor dijo que repartiéramos todo lo que poseemos con los pobres. Aquellos que han recibido libertad, apartan todas sus posesiones para los propósitos del Señor, dando con gozo y en libertad”[3].

Pero la historia continúa, en el siglo cuarto otro líder prominente, Basíleo, se refiere a lo mismo:

“El pan que guardas para ti mismo, le pertenece a los que tienen hambre; los abrigos que guardas en tu alcoba, a los descalzos…”[4].

Pareciera que el compartir todas las posesiones era parte del ADN de la primera iglesia, al menos hasta el siglo cuarto. El apóstol no lo puede dejar más claro en su primera epístola: “Pero el que tiene bienes en este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?”. Probablemente estas primeras generaciones cristianas quedaron marcadas por el hecho de que antes de morir, las únicas palabras que salían de la boca del anciano apóstol Juan, las únicas palabras que hallaba fuerza para repetir una y otra vez, eran:

“Nuestro Señor dijo, ´ámense los unos a los otros, ámense los unos a los otros´”.

Temo que pese a que como Iglesia Evangélica en Chile hemos enfatizado la gran comisión y podemos gozarnos por la valiente y fiel proclamación del evangelio en cada iglesia y en cada plaza, en nuestro celo por cumplir con la GRAN COMISIÓN, hemos descuidado el GRAN MANDAMIENTO: “Amarás a tu próximo como a ti mismo”. Considerando las palabras de Pablo en 1 Corintios, la GRAN COMISIÓN es como metal que resuena si no consideramos EL GRAN MANDAMIENTO de amar. Las brillantes y simples palabras de Jesús: “Haz con los demás como te gustaría que hicieran contigo”, lo dejan bastante claro. Si tú tuvieras hambre, quisieras que te dieran de comer. Si carecieras de toda oportunidad educacional y laboral, te gustaría que te las ofrecieran. El mandamiento aplica a todos, nadie queda fuera.  Si nuestros actos, nuestras vidas, reflejan a Cristo, la proclamación del evangelio tendrá un poder incomparable, el poder innegable del amor.

Con el fin de aportar a erradicar la pobreza en Chile debemos comenzar entendiendo que es parte del corazón de Dios tener profunda misericordia por los que carecen por injusticia y mucha gracia por los que carecen con justicia, con el modelo de amor radical de la primera comunidad cristiana en mente, avanzando hasta la estatura de esta radical entrega, la entrega de Jesús

2. VIVIENDO NUESTRO ADN

Quizás para muchos es sobre abrumante pensar en todas las necesidades, sobretodo en un mundo donde a diario nos enteramos de las grandes tragedias humanitarias nacionales y mundiales. La tentación a condenarse por no poder ayudar en todo es real, y debemos cuidarnos de ello, pararnos en la gracia y ser “fieles en lo poco”; Dios nos pondrá sobre mucho. Algunos principios nos pueden servir para avanzar en la misión:

“RETROCEDER, NUNCA …”

Hay estadísticas en EEUU que indican que mientras mayores son los ingresos de las personas, menos porcentaje de sus ingresos dan a otros, prueba fehaciente de que el dinero tiende a atrapar, más que a liberar. El gran desafío es dar vuelta esas cifras, mientras más tengamos más porcentaje de nuestros ingresos dar. Cristo en nosotros, la esperanza de gloria, es capaz de cambiar las tendencias estadísticas, y nos ayuda a ser cada vez más generosos, tal como la primera iglesia.

PARTIR CON TU ENTORNO

De seguro alguien en tu entorno tiene necesidad, y la forma más práctica de ayudar es simplemente preguntando. Este amor comunitario rompe los esquemas de la “meritocracia”, y establece gracia en nuestras iglesias: “de gracia recibimos, de gracia damos”. Además, el llamado radical de los primeros cristianos no es para que una persona o una familia lo vivaes un cambio de cultura en la cual debemos avanzar juntos como cuerpo.

ENSEÑANDO A PESCAR

Siempre recuerdo el dicho: “Dale un pescado a un hombre y comerá un día; dale una caña, enséñale a pescar, y comerá para siempre”. Creo que hoy somos testigos de una revolución de nuevas maravillosas fundaciones que se levantan para dar oportunidades a gente que simplemente no las tiene.  Enseña Chile, Manos de Cristo y OPTE, son tremendas iniciativas que están inspirando a cientos de jóvenes a enfrentar quizás el problema más grande en Chile, la desigualdad de oportunidades. Estas entidades están proveyendo alas a los que no tienen, para emprender vuelos que jamás habían soñado. Es muy fácil involucrarse con éstas u otras fundaciones.

Sólo la gracia de Dios nos puede permitir seguir proclamando el evangelio de Dios en todo lugar, en cada área de la sociedad, dando testimonio de Cristo, no sólo con nuestras palabras, sino también con principalmente con nuestras vidas.

JAHNN COOPER BARRAT
ESTUDIANTE DE UNIVERSIDAD “ALL NATIONS” UK
IGLESIA LA TRINIDAD DE LAS CONDES


[1] Hechos 2:45 – Biblia Reina Valera, 1995.

[2] Chester, Tim, Good News to the Poor, Capítulo 1.  

[3] Ibid.

[4] Ibid.

 

http://thegospelcoalition.org/coalicion/article/el-evangelio-y-los-pobres

Captura de pantalla 2014-07-26 a la(s) 15.48.30

Mi esposa y yo trabajamos en el basurero de la Ciudad de Guatemala. Servimos a la gente que, literalmente, viven de la basura. Muchos de ellos buscan cosas que pueden vender, aunque otros buscan su almuerzo para ese día. Para muchas personas, la basura es su único recurso y luchan contra una gran pobreza. Cada día vemos a seres humanos creados en la imagen de Dios tirados en la calle, acostados en su propia orina. Constantemente escuchamos historia tras historia de familias sin alimento, esposos gastando todos sus ingresos en licor, pegamento, abuso, injusticia, opresión, y mas. Una oscuridad inconcebible está alrededor de este lugar.

A diario luchamos con cuestiones prácticas. ¿Cómo podemos mejor servir a estas comunidades? Encima de eso, ¿cómo lo hacemos de una forma sostenible en medio de una ciudad acribillada con pobreza? ¿Cuánta responsabilidad tenemos como cristianos hacia las necesidades físicas a nuestro alrededor?

Siendo honestos, reconocemos que tenemos más preguntas que respuestas. Luchamos viendo necesidades básicas, sabiendo que tenemos los recursos para “arreglarlos”. Al mismo tiempo, reconocemos que problemas sistémicos como estos no se arreglan sencillamente.

El ejemplo de Jesús

Cuando examinamos los evangelios, vemos que Jesús tuvo una relación compleja en cuanto a las necesidades físicas y su misión de salvación. En un sentido de la palabra, Jesús era el mejor humanitario que ha vivido.

Jesús satisfizo la necesidad física

Esto debería ser obvio, pero es importante mencionarlo. Como buenos evangélicos, sabemos que el evangelio es algo que se proclama, algo que se tiene que decir. Consecuentemente, podemos ignorar las necesidades físicas a nuestro alrededor bajo el disfraz de que estamos proclamando el evangelio. Ese tipo de ministerio es ajeno a la vida de Jesús, quien tuvo una compasión profunda por las luchas inmediatas en que se encontraban la gente. Él se detuvo, una y otra vez, para tocar a aquellos olvidados por la sociedad. Él le dio de comer a miles varias veces. Él sanó enfermedades consideradas impuras al resto de la sociedad. No podemos decir que Jesús no se preocupó por las necesidades físicas. Como seguidores de Cristo, nunca deberíamos olvidar este punto.

Jesús ignoraba necesidades físicas por una necesidad mayor

En más de una ocasión vemos a Jesús haciendo cosas que a muchos de nosotros nos parecerían fríos y crueles. En Marcos 1 vemos una escena sorprendente. Jesús apenas había empezado su ministerio en Capernaum y ya había sanado a muchos. La mañana siguiente Él  estaba orando cuando Pedro le dio las noticias de que habían muchas personas buscándole para ser sanados. En lugar de ir a sanarles de sus enfermedades, Jesús le dijo a Pedro que deberían irse a otros pueblos para que pueda predicar porque “para esto he venido”. Él percibió una necesidad mayor sobre todo el mundo que demandaba su atención más que las necesidades físicas alredor de Él.

En la tan conocida historia del paralítico que fue bajado por el techo, Jesús primero le dice “tus pecados quedan perdonados”. La gente estaba desilusionada, esperando un gran milagro. Jesús le recuerda a la gente que el milagro más grande es el perdón del pecado y no el sanar del paralítico. Y, aun así, sanó al paralítico.

Encontrando un equilibrio

En todos los evangelios vemos esta relación compleja entre las necesidades físicas y la misión de la cruz. Las necesidades físicas tienen que ser satisfechas, pero no son la prioridad. La prioridad en la vida de Jesús, y la prioridad para los seguidores de Jesús, siempre será la proclamación del mensaje del evangelio.

En un sentido, los cristianos deberíamos ser los mejores humanitarios que existen. La grandeza de la necesidad humana debería ser nuestra motivación. ¡Las condiciones en que viven muchas personas en nuestros países nos deberían quebrantar! Jesús siempre estaba consciente de las necesidades alrededor de Él. Las necesidades físicas no son solo un obstáculo para compartir el evangelio: son verdaderas luchas de personas hechas en la imagen de Dios.

Sin embargo, la necesidad de la expiación del pecado es demasiado más urgente que la necesidad de la comida. ¡Sí, les deberíamos dar comida! ¡Obviamente! Pero a menudo les damos comida para que podamos darles las noticias más bellas en todo el mundo. Estas buenas nuevas tienen que ser compartidas con cada comida repartida. Todos tienen que escuchar que Cristo murió en su lugar, y que al arrepentirse y poner su fe en Él pueden recibir vida eterna. La ayuda humanitaria, aparte del evangelio, es como arreglar las sillas sobre la cubierta del Titanic: puede satisfacer una necesidad temporal, pero no hará nada para el desastre que les espera.

Identificándonos con los pobres

Un punto final. Tampoco olvidemos de dónde venimos. Servir a las necesidades del pobre es una imagen y representación del mensaje del evangelio. En Generous Justice, Tim Keller escribe, “A la medida que el evangelio forma tu vida, te identificarás con los que tienen necesidad. Verás sus ropas andrajosas y pensarás ‘Toda mi justicia es un trapo sucio, pero en Cristo podemos estar vestido en ropas de justicia’”.

Keller sigue explicando que como cristianos, nada que tenemos lo hemos ganado. Toda nuestra justicia ha sido un regalo. Somos aceptados por fe. Él continúa, “En otras palabras, cuando los cristianos entienden el evangelio y ven a una persona pobre, se dan cuenta que se están mirando en un espejo. Sus corazones deben salir con él o ella sin una pizca de superioridad o indiferencia”.

Cristiano, pastor, académico, líder, seamos constantemente impulsados por la compasión de nuestro Salvador para las necesidades alrededor nuestro. Seamos motivados por el amor de nuestro Salvador para satisfacer esas necesidades. Y, aun más, con nuestros ojos siempre puestos en la cruz de Cristo, compartamos las buenas nuevas del evangelio que satisfacen la mayor necesidad del mundo: el pago por el pecado frente de un Dios santo.

Justin Burkholder sirve como misionero con TEAM sembrando el evangelio y haciendo discípulos en la Ciudad de Guatemala. Actualmente el trabaja dentro de una organización en el relleno sanitario de la capital de Guatemala. Él y su esposa Jenny tienen una hija de 6 meses. Puedes seguirlo en Twitter, @jlburkholder, o visitar su blog.

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